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Tiempo vivo o tiempo muerto

El escritor Robert Greene habla con mucha frecuencia de la importancia de preguntarnos constantemente si el tiempo que estamos pasando, usando, es tiempo vivo o tiempo.

Tiempo vivo es tiempo utilizado en mejorar, en hacernos avanzar hacia nuestros objetivos o acercarnos a la persona que queremos ser.

El tiempo vivo es cuando caminamos hacia nuestros objetivos, cuando tomamos acción, cuando hacemos que cada segundo cuente, cuando mejoramos, aprendemos y progresamos, crecemos… aunque sea solo un poquito cada vez.

El tiempo muerto es tiempo desperdiciado, es el que pasamos viendo la televisión o Youtube o Netflix sin un objetivo claro de lo que estamos haciendo.

El tiempo muerto es cuando estamos viendo pasar la vida, cuando estamos esperando a que las cosas sucedan, cuando el tiempo y la energía se nos van… cuando somos pasivos.

Tenemos que sentir que la vida nos está constantemente preguntando: ¿va a ser esto tiempo vivo o tiempo muerto?

Vamos a dejar que este tiempo en el coche al trabajo sea tiempo muerto o vamos a escuchar algo interesante, o pasarlo en silencio reflexionando activamente sobre un tema que necesitamos resolver para progresar.

Si tenemos que pasar tres horas en un aeropuerto esperando la salida de nuestro avión, vamos a aprovechar a caminar en la terminal de un extremo al otro para llegar a esos diez mil pasos, o nos vamos a sentar en un restaurante de comida rápida a tirarnos a la cara otras mil calorías.

Vamos a pasar el domingo viendo el enésimo episodio de esa serie o el enésimo partido de futbol, o vamos a practicar a tocar ese instrumento, o a hacer ejercicio físico, o a escribir unas páginas de ese libro pendiente… o lo que sea que nos haga avanzar incluso de la manera más nimia hacia nuestros objetivos.

Es nuestra decisión cada día decidir lo que queremos hacer con nuestro tiempo, quizá no haya nada que podamos hacer para cambiar las cosas que suceden en nuestro entorno, pero sí tenemos el control de cómo actuamos ante ellas.

Un gran ejemplo de esto fue Malcom Little, que creció en un entorno de pobreza y muy joven se inició en actividades ilícitas. Fue detenido por intentar vender un reloj de lujo que había robado y con veintiún años sentenciado a diez años de cárcel.

Podía haber cumplido su sentencia simplemente contando los días hasta que lo liberaran, o planeando la forma de volver a hacer dinero con robos cuando su tiempo en prisión pasara. Pero en lugar de eso decidió pasar esos años leyendo y aprendiendo.

Se pasaba las horas devorando libros, llegó a copiar el diccionario, palabra por palabra… pasó prácticamente cada minuto que no estaba obligado a pasar en su celda, en la biblioteca de la prisión.

Esos son los años que convirtieron a Malcom Little en Malcom X.

Por eso Malcom X utilizaba gafas, por esos cientos de horas que pasó leyendo durante esa década que pasó en la cárcel. Pero sin duda le mereció la pena, esos años fueron los más productivos de su vida, creció y mejoró durante esos años mientras que sus compañeros de celda se consumían poco a poco.

Y por supuesto que tenía razones para tener rabia, y es cierto que su sentencia no fue del todo justa y que la situación de la comunidad negra en esos años en EEUU era terrible y sufría segregación y racismo.

Pero en lugar de centrarse en todas esas injusticias, que eran una realidad, asumió los errores que había cometido y tomó la absoluta determinación de mejorar como persona en lugar de mirar al pasado o lo que había sucedido.

Y hoy mucha gente está tan preocupada por el futuro que no aprovechan las oportunidades que tienen delante de sus ojos. O piensan constantemente en las oportunidades perdidas, o están tan descolocados por lo que les ha ocurrido en el pasado que ignoran el presente que tienen en sus manos.

A veces pensamos que el futuro es algo que ocurre, en lugar de algo que nosotros hacemos. Tendemos a pensar cosas como: bueno esto es algo temporal, es una racha mala, hay que pasarlo. Esta semana pasará rápido, o este mes, o este día, y luego ya podré hacer lo que realmente me gusta y quiero, voy a matar el tiempo para llegar al otro lado lo antes posible.

Si pensamos así estamos decidiendo apagar nuestra mente, de cierta ya estamos un poco muertos… tenemos que activamente escoger que cada momento de nuestra vida sea tiempo vivo, de abrazar el presente y sacar lo máximo de aquello que tenemos delante.

Por supuesto todo sería muchísimo mejor si tuviéramos más libertad, más movilidad, si la economía fuera mucho mejor, o si tuviéramos una mejor situación laboral, ¡o tanta cosas! Pero no es así, tenemos lo que tenemos, así que, ¿qué vamos a hacer?

Tenemos que encontrar la parte útil de la situación, no es pretender convencernos a nosotros mismos de que todo es fantástico, eso sería engañarnos a nosotros mismo, se trata de ser conscientes de que no hay ninguna situación tan mala que no seamos capaces de sacar algo buena de ella.

Digamos sí, al ahora. Que todo el tiempo de nuestras vidas sea tiempo vivo. Transformemos cualquier tiempo complicado en una experiencia que nos enriquezca y salgamos, lleguemos al otro lado, como Malcom X, mucho mejores personas de como entramos en ella.

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