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Qué hacer ante la enfermedad de Alzheimer

El Alzheimer es la enfermedad que más preocupa cuando se pregunta a personas sanas. Tememos más a la enfermedad de Alzheimer que al cáncer o a la propia muerte.

Durante décadas se ha considerado que no hay ningún tratamiento que cure o que modifique la evolución de la enfermedad de Alzheimer y que no disponemos de ninguna herramienta para evitar su desarrollo.

Pero la medicina ha cambiado profundamente y ahora comprendemos mejor qué hay detrás de la enfermedad, por lo que estamos en disposición de saber qué podemos hacer para mejorar los síntomas, ralentizar la evolución y prevenir su aparición.

Sabemos que la enfermedad de Alzheimer guarda una estrecha relación con el estilo de vida y esto es muy positivo, significa que tenemos capacidad de acción. Con la dieta, la actividad física, la higiene del sueño y la gestión del estrés podemos ayudar todos los días, varias veces al día, a combatir este mal.

Qué es la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer está causada por un daño progresivo del cerebro y comienza, generalmente, con una pérdida característica de la memoria y termina afectando el pensamiento, la toma de decisiones, la capacidad de planificación y la personalidad, limitando a la persona enferma en todas las esferas de su vida.

Sin embargo, no ocurre lo mismo en todos lo casos y hay personas que pueden mantener intactas ciertas habilidades como leer, dibujar o hacer manualidades durante largos períodos de tiempo. Esto es así porque la enfermedad no afecta por igual todas las áreas del cerebro y esas funciones las controla una parte que se conserva indemne durante más tiempo en el curso de la enfermedad.

A medida que la enfermedad de Alzheimer avanza hacia las últimas etapas, los cambios en el cerebro pueden afectar a funciones físicas como tragar, mantener el equilibrio y controlar los esfínteres. Estos cambios pueden aumentar la vulnerabilidad frente a otros problemas de salud, como problemas digestivos, infecciones o caídas. Y hay que estar atentos porque una persona con enfermedad de Alzheimer probablemente no pueda expresar que siente dolor u otros síntomas de alguna enfermedad o seguir un tratamiento pautado; y entonces alguna de esas complicaciones puede acabar siendo más grave de lo habitual.

Aunque la enfermedad de Alzheimer afecta a cada persona de una manera diferente (según su naturaleza y su condición física, e incluso su entorno social-familiar), tiende a seguir ese patrón de deterioro progresivo a lo largo de los años. Saber esto nos sirve para estar preparados y poder anticiparnos a los cambios.

Esto nos ayuna mucho a nivel práctico en el día a día ya que podemos adaptar el entorno del hogar a las nuevas necesidades para así optimizar al máximo la autonomía y la seguridad de la persona con Alzheimer.

Como las personas mayores y quienes tienen antecedentes familiares muestran un riesgo más elevado de desarrollar enfermedad de Alzheimer, es muy frecuente asociar la enfermedad de Alzheimer a la edad y los genes, pero hay mucho más. La enfermedad de Alzheimer es el resultado de una combinación de factores genéticos, ambientales y del estilo de vida que afectan a la salud del cerebro a lo largo del tiempo. Por eso el tratamiento integral debe contemplar tanto la prescripción de los medicamentos adecuados como los ajustes en la dieta y el estilo de vida.

Tratamiento integral de la enfermedad de Alzheimer

Más allá de los fármacos, la medicina integrativa permite tratar la enfermedad desde un enfoque más amplio considerando la nutrición, el ejercicio físico, el descanso y la gestión del estrés. El objetivo de este enfoque es, además de tratar los síntomas, deshacer o revertir la causa que late en la raíz del problema.

Dieta para la enfermedad de Alzheimer

Para diseñar una dieta adaptada a las necesidades de una persona enferma de Alzheimer se debe tener en cuenta una doble vertiente, negativa y positiva.

Por un lado tenemos la vía negativa, que consiste en evitar todo aquello que perjudica la salud cerebral.

En primer lugar es necesario eliminar los llamados «dementógenos«, todas esas sustancias que favorecen el daño cerebral y que podemos encontrar en plásticos, herbicidas, pesticidas, aditivos, medicamentos, disruptores endocrinos o metales pesados entre otros.

Además, en este sentido es necesario eliminar ciertos alimentos que se sabe que están relacionados con el daño cerebral como son los azúcares, el gluten y los alimentos procesados.

El azúcar y las harinas refinadas contribuyen directamente al daño cerebral porque producen la elevación repetitiva de glucosa en sangre y con ello promueven el mal funcionamiento de la insulina y, como consecuencia, una mayor elevación aún de los niveles de glucosa en sangre, prediabetes y diabetes. Por la asociación con este mecanismo, la enfermedad de Alzheimer ha recibido el nombre de “diabetes tipo 3”. Se ha constatado que si una persona desarrolla diabetes antes de los 65 años de edad, el riesgo de padecer deterioro cognitivo en el futuro aumenta en un 220%.

En cuanto al gluten, cada vez son más numerosas las investigaciones que relacionan la intolerancia o sensibilidad al gluten con la disfunción neurológica. El gluten puede comportarse como un tóxico que causa cefaleas, depresión, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, epilepsia y demencia.

En caso de enfermedad de Alzheimer tenemos que sacar de la dieta los cereales que contienen gluten, especialmente el trigo, por su alto contenido en gluten, y también los llamados “cereales ancestrales” como la espelta, la cebada, el centeno, el kamut y el bulgur, aunque contienen menos cantidades de gluten y es un gluten menos perjudicial. La avena puede contener gluten, por lo que también conviene evitarla.

No contienen gluten (y se podrán consumir): el arroz, la quinoa, el amaranto, el mijo, el teff, la tapioca y el sorgo.

El maíz, a pesar de no contener gluten, no es recomendable por ser uno de los alimentos que más ha evolucionado en las últimas décadas y, por tanto, uno con los que menos sincronía natural podemos tener.

Los alimentos procesados contienen (aparte de azúcar y gluten en la mayoría de los casos) ácidos grasos oxidados, endulzantes artificiales, emulsionantes,  grasas trans, potenciadores del sabor (como el glutamato monosódico) y otros aditivos que favorecen el daño cerebral, por lo que conviene eliminarlos.

Por otro lato tendríamos la vía positiva, que consiste en incluir alimentos que favorezcan la salud cerebral, como son las grasas saludables.

Una persona enferma de Alzheimer debería llevar una dieta low-carb, baja en hidratos de carbono y alta en grasas saludables que se traduce en comer más grasas saludables y menos carbohidratos simples. Nuestro cuerpo (y en particular, nuestro cerebro) está diseñado para funcionar con grasas, pues son el combustible favorito del metabolismo humano. Y en particular, del cerebro.

En este sentido es muy interesante incluir pescado azul de tamaño pequeño y mediano, aceite de oliva, aceite de coco, aceitunas, aguacate, frutos secos, semillas y mantequilla de producción ecológica. Todas estas grasas aportan elementos fundamentales para la salud cerebral y el control de la inflamación.

Muchas personas reducen el consumo de grasas por miedo al colesterol, pero en este sentido hay que tener claro que necesitamos el colesterol. La idea de que “cuanto más bajo tengamos el colesterol, mejor” es errónea. Niveles bajos de colesterol han mostrado asociación directa con un mayor riesgo de demencia.

La capacidad de formar nuevas conexiones neuronales depende de la disponibilidad de colesterol.

En resumen la dieta debe ser natural y variada, rica en vegetales, hortalizas, grasas saludables y proteínas de alto valor biológico. De esta manera aumentamos la ingesta de nutrientes beneficiosos y esenciales para nuestro cerebro y, por tanto, especialmente importantes en la enfermedad de Alzheimer.

A esta dieta natural podemos añadir dos elementos neuroprotectores más:

  • una copa pequeña de vino tinto al día, rico en resveratrol antioxidante, y
  • café o té, mate, cacao: ricos en antioxidantes, polifenoles y catequinas, mejoran el estado de alerta y la capacidad de concentración y tienen un efecto protector cerebral.

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Ayuno intermitente para la enfermedad de Alzheimer

Ante la enfermedad de Alzheimer conviene practicar ayuno intermitente de un mínimo de doce horas cada día. Una buena estrategia para lograrlo es adelantar la cena y retrasar el desayuno del día siguiente. Así influimos en una serie de factores vitales en el desarrollo de la enfermedad:

  • Promueve la depuración de toxinas.
  • Equilibra la salud intestinal.
  • Potencia la eficiencia energética cerebral: el cerebro funciona de manera óptima cuando metaboliza los cuerpos cetónicos liberados durante el ayuno: se ha observado cómo este súper-combustible protege a las neuronas de su degeneración en cultivos celulares de laboratorio,
  • Activa la producción de BDNF y así estimula la diferenciación de nuevas neuronas y conexiones inter-neuronales,
  • Mejora la función antioxidante,

El ayuno puede ayudar a prevenir la enfermedad de Alzheimer en personas con factores de riesgo.

Ejercicio físico y mental para mejorar la enfermedad de Alzheimer

Se ha observado que la actividad mental durante toda la vida confiere un efecto neuroprotector. Por eso en una persona con enfermedad de Alzheimer conviene combinar la estimulación cognitiva (con crucigramas, música, arte, etc) con la actividad física. En en blog tenemos un artículo donde explicamos qué es la neuroplasticidad y cómo podemos mejorarla.

El ejercicio físico mejora la función cerebral en un 20-30 % de los casos y retrasa la evolución de la enfermedad ya que existe una relación entre la forma física y la forma mental.

El ejercicio físico parece construir un cerebro resistente a la atrofia y mejora la memoria, la capacidad lingüística, la atención y la ejecución de tareas. Pero además, mejora el metabolismo de la glucosa, la salud mitocondrial, la salud intestinal, el control de la inflamación y la capacidad del cerebro de moldearse y así, con todo ello, potencia la inteligencia, la creatividad y el aprendizaje. Por todo ello, el ejercicio físico debe ser prioritario tanto para quienes quieran prevenir el desarrollo de la enfermedad, como para aquellas personas que ya están diagnosticadas de Alzheimer.

Cuando hablamos de ejercicio físico englobamos tanto las actividades aeróbicas como el entrenamiento de fuerza.  En este sentido es necesario salir a pasear como mínimo 20 minutos al día, idealmente al sol y en la naturaleza, o seguir clases de baile o gimnasia asistida. Y aprovechar las oportunidades que se presenten y estén a su alcance, como cocinar, limpiar, hacer un recado, subir y bajar las escaleras, etc. Son actividades cotidianas de bajo costo y de fácil acceso que tienen también su impacto positivo.

El ejercicio estimula la producción de BDNF y con ello, la generación de nuevas neuronas.

Descanso en la enfermedad de Alzheimer

Prácticamente todas nuestras células, tejidos y sistemas se ven afectados por la calidad y cantidad de nuestro sueño, y en especial nuestro cerebro. Quienes sufren trastornos del sueño tienen más del doble de posibilidades de desarrollar demencia años después. Necesitamos dormir bien para mejorar la respuesta a la insulina y la reparación celular. Tener un sueño adecuado influye en el control del estrés, la inflamación, la inmunidad y el metabolismo.

Por tanto, en la enfermedad de Alzheimer, donde estos aspectos son cruciales en su desarrollo y evolución, es primordial conseguir un sueño de buena calidad.

Gestión del estrés en pacientes de Alzheimer

Una alta carga de estrés aumenta el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer: el estrés crónico desequilibrado ejerce un potente impacto negativo sobre el cerebro, debido al efecto tóxico del cortisol sobre las neuronas.

Está demostrado a nivel científico que un ambiente tranquilo y estable en el hogar, la meditación, la respiración profunda, la coherencia cardiaca, otras técnicas de relajación y la oración disminuyen las concentraciones de cortisol en sangre y mejoran la memoria, aparte de reducir la inflamación y la salud cardiovascular, también implicadas en la enfermedad de Alzheimer.

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Ver referencias y estudios

1 Tratado de Medicina Integrativa. Rakel. Ed. Elsevier Masson.
2 Prebiotic effects of chicory inulin in the simulator of the human intestinal microbial ecosystem. Van de Wiele T. et al. Laboratory Microbial Ecology and Technology (LabMET), Ghent University, Gent, Belgica.
3 Changes in stool frequency following chicory inulin consumption, and effects on stool consistency, quality of life and composition of gut microbiota. Watson A.W. et al. Human Nutrition Research Centre, Newcastle University, Reino Unido.
4 Neuroprotective Effects and Mechanisms of Tea Bioactive Components in Neurodegenerative Diseases. Chen S.Q. et al. Tea Research Institute, Zhejiang University, China.
5 The Effects of Green Tea Amino Acid L-Theanine Consumption on the Ability to Manage Stress and Anxiety Levels: a Systematic Review. Williams J.L. et al. Faculty of Health, University of Canberra, Australia.
6 Yerba Maté (Ilex paraguariensis) Metabolic, Satiety, and Mood State Effects at Rest and during Prolonged Exercise. Alkhatib a. y Atcheson R. Dasman Diabetes Institute, Dasman, Kuwait.
7 Prevention of Early Alzheimer’s Disease by Erinacine A-Enriched Hericium erinaceus Mycelia Pilot Double-Blind Placebo-Controlled Study. Li I.C. et al. Biotech Research Institute, Taoyuan City, Taiwan.
8 The relevance of theobromine for the beneficial effects of cocoa consumption. Martínez-Pinilla E. et al. Centro de Investigación Médica Aplicada, Universidad de Navarra, España.
9 Acute effects of brewed cocoa consumption on attention, motivation to perform cognitive work and feelings of anxiety, energy and fatigue: a randomized, placebo-controlled crossover experiment. Boolani A. et al. Department of Physical Therapy, Clarkson University, NY, EEUU.
10 Theobromine Improves Working Memory by Activating the CaMKII/CREB/BDNF Pathway in Rats. Islam R. et al. Department of Environmental Physiology, Shimane University, Japón.
11 Gut Microbiota and Neuroplasticity. Murciano-Brea J. et al. Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución, Departamento de Biomatemática, Universidad Complutense de Madrid, España.
12 Vitamin D and the risk of dementia and Alzheimer disease. Littlejohns T.J. et al. University of Exeter Medical School, Reino Unido.
13 Role of phosphatidylcholine-DHA in preventing APOE4-associated Alzheimer’s disease. Patrick R. P. University of California San Francisco Benioff, Children’s Hospital Oakland Research Institute, California, EEUU.
14 Metabolic, Satiety, and Mood State Effects at Rest and during Prolonged Exercise. Alkhatib A. y Atcheson R. Dasman Diabetes Institute, Kuwait.

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Un comentario en “Qué hacer ante la enfermedad de Alzheimer

  1. Como siempre todo lo que publica vida potencial es de mucha ayuda, Dios los bendiga por toda la buena aportación quedan al mundo.
    Gracias.

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